jueves, 3 de noviembre de 2011

Las etapas musicales de una ruptura con una mujer promedio.

Si las Ciencias Sociales pueden decir algo sobre el mundo, el cruce entre análisis social y espectro musical podría dar origen a la siguiente secuencia.

Nivel 0: Ud. Está demasiado shockeado como para procesar la música que está escuchando o simplemente, no puede escuchar música.

Nivel 1: Punk. Luego de un par de días de agonía, desconcierto y desorientación existe SÓLO algo muy claro y definido que desea hacer: emborracharse. Como yo soy una dama y mi cuerpo ya no soporta lo mismo que soportaba a los quince años, lo más parecido a una resaca con pérdida de conciencia, apagá de tele y ropa vomitada es lanzarme los clásicos de El Último Ke Zierre (“Tus Bragas” o “Tu me vicias”), Loquero (“Esculturas” en la versión del disco Consuelo), Los Miserables (“Tu Alma Mía” o “Mierda de Ciudad”), Attaque 77 (“Por qué te vas” o “Hacelo por mí”) Reincidentes (“Sin Ganas de Olvidar” o “Un día más”) y si la cosa ya pasa a mayores, vamos desempolvando esos hits de 2 Minutos (“Como Caramelo de Limón” es la más admisible moralmente). Estas canciones le recuerdan todo lo que hizo mal, el sinsentido del amor, el destino nefasto de toda relación, que todos son marac@s. Cuando ya se cansó de la miseria, puede poner un poco de ska y sentir que, al menos, se puede bailar (acá va “Solo Vivir” de Skalariak, por ejemplo).

Nivel 2: Silvio Rodríguez. Luego de volver al sentimiento primal de rabia, duda y frustración con Ud. Mismo y, si no hay una infidelidad de por medio, va a querer sentir algo de calor humano otra vez. Acá hay una leve bifurcación, ya que si Ud. no estuvo de pareja con un hombre vinculado a la política va a pasar rápido a los clásicos como “Ojalá” o “Ángel para un final”. En el caso contrario, vendrán a su memoria canciones como “Días y Flores”, “¿A dónde van?” o “El Necio” y sobre todo “¿Qué hago ahora?”. El principal objetivo de este nivel es devolver la humanidad al hombre que la ha dañado. De esta forma, Ud. recuerda que los seres humanos somos personas sumamente complejas y que como dice Chico Trujillo (acá doy el paso directo a la siguiente fase) “en la cosa simple de entenderse hay tantas cosas que no entiendo”. Estas canciones dibujan claramente lo mejor de la persona a la cual ud. amó o ama y a la vez, le hacen sentir un poco mejor de haberse enamorado en primer lugar.

Nivel 3: Cumbias. Luego de la leve calidez inicial, su cabeza empieza a encenderse. Esta vez, no desde la tensión sociopatía/autodestrucción como en la fase de Punk, si no que, se trata de un sentimiento mucho más universal y social: el despecho. La cumbia es la música del despecho (y también, la del jugo patético y la que le da pie a las recaída si es que hay suficiente alcohol de por medio entre ud. y el otro). En este momento, ni se dio que cuenta se encuentra tarareando “Ahora Quién” de Chico Trujillo, “Como te voy a Olvidar” en la versión más ordinaria posible (Yerba Buena), “Traicionera” de Américo, la ya clásica “Lastima” de La Noshe, “Paisaje” de Gilda y bueno… me falta espacio, porque aquí van todas las canciones que invitan a levantar los brazos como “Te Vas” “Quiero Ser Libre” “Mentirosa” etc. Estas canciones no son sobre nostalgias pasadas, si no sobre dolor y resentimiento presente, así como ese sórdido deseo por el ausente, como de volver a bailar cadera con cadera, besos babosos con agarrones y el remordimiento de después. Si se supera bien esta etapa, la gente alrededor suyo puede sentir empatía por su proceso y si no, probablemente se alejen de ud. cada vez que empiece con el cuento del despecho.

Nivel 4: Charly García. El carrete se acabó. Es tiempo de llegar a la soledad de la amoblada y como dijo la señorita Barraza “hacer frente a los tiempos muertos de soledad”. Charly va introducirse en su cerebro como un virus que lo lleva a querer rayar murallas y destruir mobiliario al mismo tiempo que lo puede llevar a llenar papeles con notas ininteligibles y consumir colillas eternas. Acá todo puede empezar con “Promesas Sobre el Bidet” (¿por qué me tratas tan bien, me tratas tan mal”), “Rezo por Vos” (la indómita luz se hizo caaarne en mí y lo dejé todo por esta soledad), “Yo no quiero volverme tan loco”, “Tu Vicio” y “De mí”. Charly lo conecta con la compulsividad propia del abandono, le habla desde el rincón más recóndito de los cerebros racionales, le dice que aunque esto pase, nunca va dejar de pasar, que habrán más rupturas y decepciones en el futuro. Esto se acaba cuando ud. tropieza con “Asesíname”: la canción perfecta para acompañar el temblor de su pecho y la resignación. Esa canción le permite tomar responsabilidad sobre lo que sintió, vivió y tambien va a recordarle que se siente realmente cansado ("no quiero más que me des con cuentagotas tu amor...")

Nivel 5: Joaquín Sabina. El cansancio y la toma de responsabilidad son signos de envejecimiento (o dicho en bonito, de madurez). En este punto, se encuentra de frente con esa parte de sí que escondió de los momentos más felices de su relación: esa parte que le dice que esto es siempre así, que todo es efímero y que hasta lo que más intente atajar se desvanece. Esa parte se encarna en el misterioso Sabina. Sabina ha preparado para ud. una bienvenida a la “Calle Melancolía”, esa a la que siempre se regresa. Sabina de verdad, lo pone a ud. en el ánimo de la mirada de aquellos donde pasa “un tren interminable”. Sabina sabe como hundir un poco más profundo ese conocimiento que ya logró visualizar con Charly: esa boca suya es sólo suya y más vale que aprenda a vivir bien sobre la línea divisoria que va del tedio a la pasión. Tendría que dedicarle un post entero a este nivel, porque cada canción de Sabina es una lección para recordar que siempre se viene de vuelta pero que siempre se vuelve a tropezar. Siempre terminamos bailando “El Rocanroll de los Idiotas” y por lo mismo, todos los días deberíamos rezarnos “No permita la Virgen” frente al espejo. Meses después, podrá escuchar con cierta distancia “Peces de Ciudad” y esbozar una sonrisa.

Nivel 6: Andrés Calamaro. Un amigo muy sabio me dijo que cuando estuviese lista, pusiese “El Regreso” de Calamaro y que me acordara de él cuando las lágrimas me corrieran por la cara. Tal cual. Las fases anteriores no le traen llanto. Esta sí. Calamaro es un sincero romántico que sabe que está demasiado herido para no poder si quiera mentirse a sí mismo y caer en el olvido fácil. Calamaro te recuerda que alguna vez se vivió bien, se comió, se bebió, se hizo el amor y que se acabó. El regreso empieza desde las universales, duras e impersonales “El Cantante” y “El Salmón”. De repente, no te das ni cuenta y ya estás en la infantil “Te quiero Igual” (Sé que te quiero y que me esperan muchos más aeropuertos) y cuando empieza “Tuyo Siempre”, comprendís bien de que se trata la wea: se trata del punto en el que se cruza la cumbia y el tango. Para cuando llegan “Los Aviones”, realmente ya se agotó toda la fe. Se siente la cruda realidad del cigarro mojado y se deja el alma en ese “no quiero que se termine, no quiero que me abandones”. Por lo mismo, no se logra comprender por qué después de eso viene “Crímenes Perfectos” y ese coro “ella no va a volver y la pena me empieza a crecer…”... Así como vamos, uno no logra ponerse de pie hasta que suena “Estadio Azteca” (dicen que hay, dicen que hay un mundo de tentaciones, también hay caramelos con forma de corazones, dicen que hay bueno o mal, dicen que hay más o menos, dicen que hay algo que tener, pero no muchos tenemos), por lo mismo, cuando empieza la coqueta “No Me Nombres” y repetimos: “Puedes olvidarme para toda la vida, olvidar que también hubo alegrías, pero si prefieres, quedarte con años que olvidaste, voy a pedirte no me nombres, por ese rato que es toda la vida”. Cuando se acerca el final, la batería y la coreada de “Flaca”, de alguna forma todo logra empezar a cerrarse sobre sí mismo. De aquí al infinito, siempre habrá en quién pensar entre los Nomeolvides y los abriles en el fondo del placard. Así también, las raíces del amor se van a quedar donde estaban.

Una ruptura debe cerrarse siempre con Paloma. Se necesita vivir dos veces para poder olvidarte, olvidar a cualquiera. Esta canción es una despedida confusa, una despedida desesperanzada pero con promesas. Es una declaración de amor y un asesinato al mismo tiempo. Sin gloria pero sin pena, cometiendo el crimen y cumpliendo las condenas. Francamente, nadie va alguna parte y nada tenemos asegurado. Siempre se puede acabar todo en el asfalto de una esquina, escuchando una cumbia alegre. Y en el peor de los casos, vivir es jugar y yo quiero seguir jugando.